jueves, 28 de febrero de 2013
miércoles, 6 de febrero de 2013
Exorcismo de su santidad el papa León XIII
Exorcismo de su santidad el papa León
XIII contra satanás y los ángeles rebeldes.
El papa León XIII tuvo una visión el
día 13 de octubre de 1884, después de la cual prescribió el rezo de la oración
a San Miguel al final de la Misa, y escribió y publicó el siguiente exorcismo:
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Salmo
67. Levántese Dios y
sean dispersados sus enemigos y huyan de su presencia los que le odian.
Como
se disipa el humo se disipen ellos, como se derrite la cera ante el fuego, así
perecerán los impíos ante Dios.
Salmo
34. Señor, pelea
contra los que me atacan; combate contra los que me hacen la guerra.
Sufran una derrota y queden avergonzados los que me
persiguen a muerte.
Vuelvan la espalda llenos de confusión los que traman mi
daño.
Sean como polvo frente al viento cuando el Ángel del
Señor los desbarate.
Sea su camino oscuro y resbaladizo, cuando el Ángel del
Señor los persiga.
Porque sin motivo me tendían redes de muerte, sin razón
me abrían trampas mortales.Que les sorprenda un desastre imprevisto, que los enrede la red que escondían; que caigan en la misma trampa que me abrieron.
Mi alma se alegra con el Señor y gozará de su salvación.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, y por los
siglos de los siglos. Amén.
Oración a San Miguel
Arcángel: Gloriosísimo príncipe de la milicia celestial, Arcángel San Miguel, defiéndenos
en la lucha que mantenemos combatiendo “contra los principados y potestades, contra los caudillos de este mundo tenebroso, contra los espíritus malignos
esparcidos por los aires” (Ef. 6,12). Ven en auxilio de los hombres que Dios
creó incorruptibles a su imagen y semejanza (Sap. 2,23), y a tan “alto precio
rescatados”(I Cor. 6,20) de la
tiranía del demonio. Con las huestes de los ángeles buenos pelea hoy los combates
del Señor, como antaño luchaste contra Lucifer, corifeo de la soberbia y contra
sus ángeles apóstatas. Ellos no pudieron vencer, y perdieron su lugar en el
Cielo. “Fue precipitado el gran dragón, la antigua serpiente el denominado diablo
y Satanás, el seductor de todo el mundo: fue precipitado a la tierra y con él
cayeron sus ángeles”(Apoc. 12, 8-9).
He aquí que el antiguo enemigo y homicida se ha erguido
con vehemencia. Disfrazado de “ángel de luz” (II Cor. 11, 14) con la escolta de
todos los espíritus malignos rodea e invade la tierra entera, y se instala en
todo lugar, con el designio de borrar allí el nombre de Dios y de su Cristo, de
arrebatar las almas destinadas a la corona de la gloria eterna, de destruirlas
y perderlas para siempre. Como el más inmundo torrente, el maligno dragón
derramó sobre los hombres de mente depravada y corrompido corazón, el veneno de
su maldad: el espíritu de la mentira, de la impiedad y de la blasfemia; el
letal soplo de la lujuria, de todos los vicios e iniquidades.
Los más taimados enemigos han llenado de amargura a la
Iglesia, esposa del Cordero Inmaculado, le han dado a beber ajenjo, han puesto
sus manos impías sobre todo lo que para Ella es más querido. Donde fueron
establecidos la Sede de San Pedro y la Cátedra de la Verdad como luz para las
naciones, ellos han erigido el trono de la dominación de la impiedad, de suerte
que, golpeado el Pastor, pueda dispersarse la grey. Oh invencible adalid, ayuda
al pueblo de Dios contra la perversidad de los espíritus que le atacan y dale
la victoria.
La iglesia te venera como su guardián y patrono, se
gloría de que eres su defensor contra los poderes nocivos terrenales e
infernales; Dios te confió las almas de los redimidos para colocarlos en el
estado de la suprema felicidad. Ruega al Dios de la paz que aplaste al demonio
bajo nuestros pies, para que ya no pueda retener cautivos a los hombres y dañar
a tu Iglesia. Ofrece nuestras oraciones al Altísimo, para que cuanto antes
desciendan sobre nosotros las misericordias del Señor (Salmo 78,8), y sujeta al
dragón, la antigua serpiente, que es el diablo y Satanás, y, una vez
encadenado, precipítalo en el abismo, para que nunca jamás pueda seducir a las
naciones (Apoc. 20).
Después de esto, confiados en tu protección y patrocinio,
con la sagrada autoridad de la Santa Madre Iglesia, nos disponemos a rechazar
la peste de los fraudes diabólicos, confiados y seguros en el Nombre de Jesucristo,
nuestro Dios y Señor.
He aquí la Cruz del Señor, huid poderes enemigos.
R. Ha vencido el león de la tribu de Judá, la raíz de
David.
Señor, que tu misericordia venga con nosotros.
R. Como lo esperamos de Ti.
Señor, escucha nuestra oración.
R. Y llegue a Ti nuestro clamor.
El señor esté con vosotros. (Se recita si se es
sacerdote)
R. Y con tu espíritu
Oremos. Dios y Padre de
Nuestro Señor Jesucristo, invocamos tu santo Nombre y suplicantes imploramos tu
clemencia, para que, por la intercesión de la Inmaculada siempre Virgen María
Madre de Dios, del Arcángel San Miguel, de San José esposo de la Santísima
Virgen, de los santos Apóstoles Pedro y Pablo y de todos los Santos, te dignes
prestarnos tu auxilio contra Satanás y todos los demás espíritus inmundos que
vagan por el mundo para dañar al género humano y para la perdición de las
almas. Amén.
Exorcismo: Te
exorcizamos todo espíritu maligno, poder satánico, ataque infernal adversario,
legión, concentración y secta diabólica, en el nombre y virtud de Nuestro Señor
+ Jesucristo, para que salgas y huyas de la Iglesia de Dios, de las almas
creadas a imagen de Dios y redimidas por la preciosa Sangre del Divino
Cordero+. En adelante no oses, perfidísima serpiente, engañar al género humano,
perseguir a la Iglesia de Dios, zarandear a los elegidos y cribarlos como el
trigo +. Te lo manda Dios Altísimo, a quien en tu insolente soberbia aún
pretendes asemejarte, “el cual quiere que todos los hombres se salven y lleguen
al conocimiento de la verdad” (II Tim. 2). Te lo manda Dios Padre +; te lo
manda Dios Hijo +; te lo manda Dios Espíritu Santo +. Te lo manda la majestad
de Cristo, el Verbo eterno de Dios hecho hombre, quien para salvar a la estirpe
perdida por tu envidia, “se humilló a sí mismo hecho obediente hasta la muerte”
(Fil. 2); el cual edificó su Iglesia sobre roca firme, y reveló que los “poderes
del infierno nunca prevalecerían contra ella, y Él mismo había de permanecer
con ella todos los días hasta el fin de los tiempos” (Mat. 28,20). Te lo manda
el santo signo de la Cruz y la virtud de todos los Misterios de la fe cristiana
+. Te lo manda la excelsa Madre de Dios la Virgen María, quien con su humildad
desde el primer instante de su Inmaculada Concepción aplastó tu orgullosa
cabeza +. Te lo manda la fe de los santos Apóstoles Pedro y Pablo y de los
demás Apóstoles +. Te lo manda la sangre de los Mártires y la piadosa
intercesión de todos los Santos y Santas +. Por tanto, maldito dragón y toda
legión diabólica, te conjuramos por Dios + vivo, por Dios + verdadero, por Dios
+ santo, que “de tal modo amó al mundo, que entregó a su unigénito Hijo, para
que todo el que crea en El no perezca, sino que viva la vida eterna” (Juan 3);
cesa de engañar a las criaturas humanas y deja de suministrarles el veneno de
la eterna perdición; deja de dañar a la Iglesia y de poner trabas a su libertad.
Huye Satanás, inventor y maestro de toda falacia, enemigo de la salvación de
los hombres. Retrocede ante Cristo, en quien nada has hallado semejante a tus
obras. Retrocede ante la Iglesia una, santa, católica y apostólica, la que el
mismo Cristo adquirió con su Sangre. Humíllate bajo la poderosa mano de Dios. Tiembla
y huye, al ser invocado por nosotros el santo y terrible nombre de Jesús, ante
el que se estremecen los infiernos, a quien están sometidas las Virtudes de los
cielos, las Potestades y las Dominaciones; a quien los Querubines y Serafines
alaban con incesantes voces diciendo: Santo, Santo, Santo es el Señor Dios de
los Ejércitos.
Señor, escucha mi oración.
R. Y llegue a Ti mi clamor.
El Señor esté con vosotros. (Solo si es un sacerdote)
R. Y con tu espíritu.
Oremos. Dios del Cielo
y de la tierra, Dios de los Ángeles, Dios de los Arcángeles, Dios de los Patriarcas,
Dios de los Profetas, Dios de los Apóstoles, Dios de los Mártires, Dios de los
Confesores, Dios de las Vírgenes, Dios que tienes el poder dar vida después de
la muerte, el descanso después del trabajo, porque no hay otro Dios fuera de
Ti, ni puede haber otros sino Tú mismo, Creador de todo lo visible y lo
invisible, cuyo reino no tendrá fin: humildemente te suplicamos que tu gloriosa
Majestad se digne librarnos eficazmente y guardarnos sanos de todo poder, lazo,
mentira y maldad de los espíritus infernales. Por Cristo Nuestro Señor. Amén.
De la asechanzas del demonio.
R. Líbranos, Señor.
Haz que tu Iglesia te sirva con segura libertad.
R. Te rogamos, óyenos.
Dígnate humillar a los enemigos de tu Iglesia.
R. Te rogamos, óyenos.
(Se rocía con agua bendita el lugar y a los presentes).
Señor, no recuerdes nuestros delitos ni los de nuestros
padres, ni tomes venganza de nuestros pecados (Tobías 3,3).
Se recita el Padre nuestro.
Letanías de San Miguel Arcángel
Señor, ten misericordia
de nosotros.
R. Señor, ten misericordia de nosotros.
Cristo, ten
misericordia de nosotros.
R. Cristo, ten misericordia de nosotros.
Cristo óyenos.
R. Cristo óyenos.
Cristo escúchanos,
R. Cristo escúchanos.
Dios Padre celestial, Ten misericordia de nosotros.
Dios Hijo, Redentor del
mundo, Ten misericordia de nosotros.
Dios Espíritu Santo, Ten misericordia de nosotros.
Trinidad Santa, un solo
Dios, Ten misericordia de nosotros.
Santa María, Reina de
los Ángeles, Ruega por nosotros.
San Miguel, Ruega por nosotros.
San Miguel, lleno de la
sabiduría de Dios, Ruega por nosotros.
San Miguel, perfecto
adorador del Verbo Divino, Ruega por
nosotros.
San Miguel, coronado de
honor y de gloria, Ruega por nosotros.
San Miguel,
poderosísimo Príncipe de las milicias del Señor, Ruega por nosotros.
San Miguel, abanderado
de la Santísima Trinidad, Ruega por
nosotros.
San Miguel, guardián
del Paraíso, Ruega por nosotros.
San Miguel, guía y
consolador del pueblo de Israel, Ruega
por nosotros.
San Miguel, esplendor y
fortaleza de la Iglesia militante, Ruega
por nosotros.
San miguel, honor y
alegría de la Iglesia militante, Ruega
por nosotros.
San Miguel, lumbrera de
los Ángeles, Ruega por nosotros.
San Miguel, defensa de
los que guardan la fe verdadera, Ruega
por nosotros.
San Miguel, fuerza de
los que combaten bajo el estandarte de la Cruz, Ruega por nosotros.
San Miguel, luz y
confianza de las almas en el último instante de la vida, Ruega por nosotros.
San Miguel, socorro
poderosísimo, Ruega por nosotros.
San Miguel, nuestra
ayuda en todas nuestras adversidades, Ruega
por nosotros.
San Miguel, heraldo de
la sentencia eterna, Ruega por nosotros.
San Miguel, consolador
de las almas detenidas en las llamas del Purgatorio, Ruega por nosotros.
San Miguel, encargado
por el Señor de recibir las almas después de la muerte, Ruega por nosotros.
San Miguel, nuestro
Príncipe, Ruega por nosotros.
San Miguel, nuestro
Abogado, Ruega por nosotros.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, Perdónanos, Señor.
Cordero de Dios, que
quitas los pecados del mundo, Escúchanos,
Señor.
Cordero de Dios, que
quitas los pecados del mundo, Ten
Misericordia de nosotros.
Ruega por nosotros, oh
glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo.
Nota: donde aparece + hágase la señal de la cruz en el lugar donde se recite el exorcismo, conviene tener una cruz bendecida de San Benito.
lunes, 21 de enero de 2013
La lucha contra el demonio (II)
Los demonios
Demonio: Nombre general de los
espíritus malignos, ángeles caídos (expulsados del cielo). El jefe de estos
ángeles rebeldes es Lucifer o Satanás (Mat 25).
Los demonios residen en el
infierno y no gozan de los beneficios de la redención de Cristo. Los
demonios, sin embargo, no perdieron su capacidad racional, sino que la
utilizan para el mal. Dios les permite ejercitar influencia limitada en
las criaturas y las cosas.
El
demonio no es una fábula como algunos, para su desgracia, piensan. Su
existencia real ha sido siempre enseñada por la Iglesia en su magisterio
ordinario. Desmentir la existencia del demonio es negar la revelación
divina que nos advierte sobre nuestro enemigo y sus tácticas.
Un demonio es un ser espiritual de naturaleza angélica
condenado eternamente. No tiene cuerpo, no existe en su ser ningún tipo
de materia sutil, ni nada semejante a la materia. Sino que se trata de
una existencia de carácter íntegramente espiritual. Espíritus en latín
significa soplo, hálito. Dado que ni tienen cuerpo, los demonios no
sienten la mas mínima inclinación a ningún pecado que se comenta con el
cuerpo. Por tanto la gula o la lujuria son imposibles en ellos. Pueden
tentar a los hombres a pecar en esas materias, pero solo comprende esos
pecados de un modo meramente intelectual, pues no tienen sentidos
corporales. Los pecados de los demonios, por tanto, son exclusivamente
espirituales.
Los demonios no fueron creados malos. A ellos al ser creados, se les ofreció una prueba, era la prueba previa antes de la visión de la esencia de la Divinidad. Antes de la prueba veían a Dios pero no veían su esencia. El mismo verbo ver es aproximativo, pues la visión de los Ángeles es una visión intelectual. Como a muchos les resultara muy difícil de entender cómo podían ver/conocer a Dios, pero no ver/conocer su esencia habría que proponer como comparación que seria como decir que ellos veían a Dios como una luz, que le oían como una voz majestuosa y santa, pero que su rostro seguía sin desvelarse. De todas maneras, aunque no penetraran su esencia, sabían que era su Creador, y que era santo, el Santo entre los Santos.
Los demonios no fueron creados malos. A ellos al ser creados, se les ofreció una prueba, era la prueba previa antes de la visión de la esencia de la Divinidad. Antes de la prueba veían a Dios pero no veían su esencia. El mismo verbo ver es aproximativo, pues la visión de los Ángeles es una visión intelectual. Como a muchos les resultara muy difícil de entender cómo podían ver/conocer a Dios, pero no ver/conocer su esencia habría que proponer como comparación que seria como decir que ellos veían a Dios como una luz, que le oían como una voz majestuosa y santa, pero que su rostro seguía sin desvelarse. De todas maneras, aunque no penetraran su esencia, sabían que era su Creador, y que era santo, el Santo entre los Santos.
El catecismo de la
Iglesia Católica sobre el demonio:
2850 La última petición a nuestro Padre está también contenida en la oración
de Jesús: "No te pido que los retires del mundo, sino que los guardes del
Maligno" (Jn 17, 15). Esta petición concierne a cada uno individualmente,
pero siempre quien ora es el "nosotros", en comunión con toda la
Iglesia y para la salvación de toda la familia humana. La Oración del Señor no cesa de abrirnos a las dimensiones
de la Economía de la salvación. Nuestra interdependencia en el drama del pecado
y de la muerte se vuelve solidaridad en el Cuerpo de Cristo, en "comunión
con los santos".
2851 En esta petición, el mal no es una
abstracción, sino que designa una persona, Satanás, el Maligno, el ángel que se
opone a Dios. El "diablo" ["dia-bolos"] es aquél que
"se atraviesa" en el designio de Dios y su obra de salvación cumplida
en Cristo.
2852 "Homicida desde el principio, mentiroso y
padre de la mentira" (Jn 8, 44), "Satanás, el seductor del mundo
entero" (Ap 12, 9), es aquél por medio del cual el pecado y la muerte
entraron en el mundo y, por cuya definitiva derrota, toda la creación entera
será "liberada del pecado y de la muerte".[136] "Sabemos que
todo el que ha nacido de Dios no peca, sino que el Engendrado de Dios le guarda
y el Maligno no llega a tocarle. Sabemos que somos de Dios y que el mundo
entero yace en poder del Maligno" (1 Jn 5, 18-19):
El Señor que
ha borrado vuestro pecado y perdonado vuestras faltas también os protege y os
guarda contra las astucias del diablo que os combate para que el enemigo, que
tiene la costumbre de engendrar la falta, no os sorprenda. Quien confía en
Dios, no tema al demonio. "Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra
nosotros?" (Rm 8, 31).
2853 La
victoria sobre el "príncipe de este mundo" (Jn 14, 30) se
adquirió de una vez por todas en la Hora en que Jesús se entregó libremente a
la muerte para darnos su Vida. Es el juicio de este mundo, y el príncipe de
este mundo ha sido "echado abajo" (Jn 12, 31).[138] "El se lanza
en persecución de la Mujer", pero no consigue alcanzarla: la nueva Eva, "llena
de gracia" del Espíritu Santo es librada del pecado y de la corrupción de
la muerte (Concepción inmaculada y Asunción de la santísima Madre de Dios,
María, siempre virgen). "Entonces despechado contra la Mujer, se fue a
hacer la guerra al resto de sus hijos" (Ap 12, 17). Por eso, el Espíritu y
la Iglesia oran: "Ven, Señor Jesús" (Ap 22, 17.20), ya que su Venida
nos librará del Maligno.
2854 Al pedir
ser liberados del Maligno, oramos igualmente para ser liberados de todos
los males, presentes, pasados y futuros de los que él es autor o instigador. En
esta última petición, la Iglesia presenta al Padre todas las desdichas del
mundo. Con la liberación de todos los males que abruman a la humanidad, implora
el don precioso de la paz y la gracia de la espera perseverante en el retorno
de Cristo. Orando así, anticipa en la humildad de la fe la recapitulación de
todos y de todo en Aquel que "tiene las llaves de la Muerte y del
Hades" (Ap 1, 18), "el Dueño de todo, Aquel que es, que era y que ha
de venir" (Ap 1, 8): Líbranos de todos los males, Señor, y
concédenos la paz en nuestros días, para que, ayudados por tu misericordia,
vivamos siempre libres de pecado y protegidos de toda perturbación, mientras
esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo.
Características de los demonios
Los
demonios son seres racionales, dotados de inteligencia, y su naturaleza
principal es que son coléricos. No es posible encontrar en la tierra hombres
más rencorosos que los demonios, o que puedan asumir a su vez toda su maldad.
Los
demonios tienen un olor fétido que sólo perciben aquellos que han recibido del
Señor el don de percibirlo. Dicho olor tienen el poder de desatar las pasiones.
Los demonios buscarán por todos los medios de hacer caer a los hombres para que
su alma se pierda mediante la falta de caridad con los hermanos, o empañando la
imagen de Dios en ellos; tratan de impedirles rezar sugiriéndoles pensamientos
de blasfemia, de desconfianza en Dios, de lujuria o de cólera.
Los
demonios sienten envidia en los hombres, principalmente de aquellos que oran. Por
tal motivo les harán la guerra a los hombres para impedirles la oración espiritual,
haciéndoles experimentar odio a la oración. Huyen los demonios desconcertados
cuando se les descubre sus modos de actuar y sugestiones en los pensamientos.
Los
demonios tienen un modo de conocimiento muy imperfecto, nada comparable con el
de Dios. No pueden penetrar en el pensamiento del hombre directamente. Para llegar
a saber si les tenemos en nuestros
pensamientos y les alimentamos en nuestro seno, o bien, si les hemos rechazado,
se valen de palabras y movimientos del cuerpo y a partir de lo externo deducen
si el monje ha descuidado alguna virtud, o bien, si piensa orgullosamente que
les ha vencido, cuando se retiran tácticamente.
Hay
demonios que se oponen a la práctica u oración y otros a la contemplación. Están
acechando constantemente al hombre que ora y pueden valerse de quienes le
rodean para hacerles la guerra. Las armas de los enemigos en este combate serán
pues los pensamientos, por lo cual es una lucha espiritual que se lleva a cabo
en el interior del hombre. En esta lucha el orante unas veces vence, otras
veces son vencidos. Sin embargo se adquiere experiencia, a través de esta lucha
constante verán la estrategia de los demonios y podrán evitar la caída atendiendo
a los pensamientos, a los objetos de que se sirven, o la rapidez con que
surgen.
Medios
para luchar contra los malos pensamientos
Encontramos
que pueden ser combatidos por diversos medios tales como la lectura espiritual,
vigilia, oración, hambre, austeridad, soledad, salmodia, paciencia y
misericordia. Esto es realmente muy importante ya que si no vigilamos sobre los
malos pensamientos y las malas actitudes en nosotros, los demonios podrían
permitirse toda clase de burlas a nuestra costa.
Los
tres medios más importantes para el principiante en la oración y para oponerse
al demonio son la oración, la humildad y usar la táctica opuesta del demonio. En
la oración se incluye la total entrega a Dios, pues la oración es el trato
íntimo y frecuente con Dios, su único Señor. Para orar se necesita concentrarse
en Aquel a quien se dirige el orante y recoger en él su pensamiento, es decir,
en Dios. La oración es excelente para combatir al demonio y por medio de ella
podemos discernir entre visiones y engaños del demonio y librarse del miedo que
infunde para que no continuemos orando. Luego está la humildad, la cual es
eficaz para desenmascarar al demonio y dejarlo inerme, esta humildad debe
traducirse en la obediencia y sometimiento al padre espiritual. En tercer lugar
usaremos la táctica opuesta usada por el demonio para combatirle usando
pensamientos contrarios a los pensamientos que le están atacando. Es de suma
importancia mantenerse bajo las normas de la Iglesia, y no salirnos de los
dogmas de ella. Pues el enemigo buscará desviarnos hacia doctrinas contrarias a
la fe, de manera que nos convirtamos en apostatas.
Cuando
la concupiscencia se inflama, la extinguen el hambre, la fatiga y la soledad. Cuando
la parte irascible se altera, la calman la salmodia, la paciencia y la
misericordia. Cuando somos atacados por la gula, la combatimos reduciendo con
el ayuno a pan y agua, y a veces hasta reduciendo esta ración. Al amor excesivo
a la riqueza, se le combate con la caridad. A la tristeza, se le ataca con la
fortaleza y el desprendimiento de bienes terrenos. Si somos atacados por la
cólera y el odio, lo combatimos con la misericordia (perdón y reconciliación) y
la mansedumbre. Si somos atacados por la acedía (fastidio, aburrimiento,
hastío, envidia) lo combatiremos con el don de lágrimas, sembremos en nosotros
buenas esperanzas con la alabanza a Dios.
Si somos
atacados, nunca abandonemos la lucha, combatamos perseverando con la oración y
la práctica de las virtudes hasta que se retiren.
Oraciones
CONSAGRACIÓN DE SÍ MISMO A JESUCRISTO
POR MEDIO DE MARÍA(San Luis María Grigñón de Montfort)
POR MEDIO DE MARÍA(San Luis María Grigñón de Montfort)
¡Oh Jesús, Sabiduría eterna y
encarnada!, verdadero Dios y verdadero hombre, Hijo único del Padre
Eterno y de María, siempre virgen! Te adoro en la gloria del Padre,
durante la eternidad y en el seno virginal de María, tu Madre, en el
tiempo de tu Encarnación.
Te doy gracias porque, anonadandote, haz venido al mundo –hombre entre los hombres y servidor del Padre– para librarme de la esclavitud del pecado.
Te alabo y glorifico Señor, porque has vivido en obediencia amorosa a María, para hacerme fiel discípulo suyo. Desgraciadamente, no he guardado los votos y promesas de mi bautismo y no soy digno de llamarme hijo de Dios. Por ello, acudo a la misericordiosa intercesión de tu Madre, esperando obtener por su ayuda el perdón de mis pecados y una continua comunión contigo, Oh Sabiduría Encarnada.
Te saludo, pues, oh María Inmaculada, templo viviente de Dios: en ti ha puesto su morada la Sabiduría Eterna para recibir la adoración de los ángeles y de los hombres. Te saludo, oh Reina del cielo y de la tierra: a ti están sometidas todas las criaturas. Te saludo, refugio seguro de los pecadores: todos experimentan tu gran misericordia. Acepta los anhelos que tengo de la Divina Sabiduría y mi consagración total.
Yo, N...., consciente de mi vocación cristiana, renuevo hoy en tus manos mis compromisos bautismales. Renuncio a Satanás, a sus seducciones, a sus pompas y a sus obras, y me consagro a Jesucristo para llevar mi cruz detrás de El, en la fidelidad de cada día a la voluntad del Padre. En presencia de toda la corte celestial, te elijo en este día por mi Madre y Maestra. Me entrego y consagro a ti, como tu esclavo, mi cuerpo y mi alma, mis posesiones tanto internas como externas, incluso el valor de todas mis buenas acciones, pasadas, presentes y futuras, dejando en ti, el entero y completo derecho de disponer de mi, y todo lo que me pertenece, sin excepción, de acuerdo a tu voluntad, para mayor gloria de Dios en el tiempo y en la eternidad.
Madre del Señor, acepta esta pequeña ofrenda de mi vida y preséntala a tu Hijo: si El me redimió con tu colaboración, debe también ahora recibir de tu mano, el don total de mí mismo. En adelante, deseo honrarte y obedecerte en todo como verdadero esclavo tuyo.
¡Oh Corazón Inmaculado de María!, que yo viva plenamente esta consagración para prolongar en mí la amorosa obediencia de tu Hijo y dar respuesta a la misión trascendental que Dios te ha confiado en la historia de la salvación. ¡Madre de misericordia!, alcánzame la verdadera Sabiduría de Dios, y hazme plenamente disponible a tu acción maternal. Colocame así, entre los que tu amas, enseñas, guías, alimentas y proteges como hijos tuyos. ¡Oh Virgen fiel!, haz de mí un auténtico discípulo e imitador de tu Hijo, la Sabiduría Encarnada. Contigo, Madre y modelo de mi vida, llegaré a la perfecta madurez de Jesucristo en la tierra y a la gloria del cielo. Amén ¡Totus Tuus!
Te doy gracias porque, anonadandote, haz venido al mundo –hombre entre los hombres y servidor del Padre– para librarme de la esclavitud del pecado.
Te alabo y glorifico Señor, porque has vivido en obediencia amorosa a María, para hacerme fiel discípulo suyo. Desgraciadamente, no he guardado los votos y promesas de mi bautismo y no soy digno de llamarme hijo de Dios. Por ello, acudo a la misericordiosa intercesión de tu Madre, esperando obtener por su ayuda el perdón de mis pecados y una continua comunión contigo, Oh Sabiduría Encarnada.
Te saludo, pues, oh María Inmaculada, templo viviente de Dios: en ti ha puesto su morada la Sabiduría Eterna para recibir la adoración de los ángeles y de los hombres. Te saludo, oh Reina del cielo y de la tierra: a ti están sometidas todas las criaturas. Te saludo, refugio seguro de los pecadores: todos experimentan tu gran misericordia. Acepta los anhelos que tengo de la Divina Sabiduría y mi consagración total.
Yo, N...., consciente de mi vocación cristiana, renuevo hoy en tus manos mis compromisos bautismales. Renuncio a Satanás, a sus seducciones, a sus pompas y a sus obras, y me consagro a Jesucristo para llevar mi cruz detrás de El, en la fidelidad de cada día a la voluntad del Padre. En presencia de toda la corte celestial, te elijo en este día por mi Madre y Maestra. Me entrego y consagro a ti, como tu esclavo, mi cuerpo y mi alma, mis posesiones tanto internas como externas, incluso el valor de todas mis buenas acciones, pasadas, presentes y futuras, dejando en ti, el entero y completo derecho de disponer de mi, y todo lo que me pertenece, sin excepción, de acuerdo a tu voluntad, para mayor gloria de Dios en el tiempo y en la eternidad.
Madre del Señor, acepta esta pequeña ofrenda de mi vida y preséntala a tu Hijo: si El me redimió con tu colaboración, debe también ahora recibir de tu mano, el don total de mí mismo. En adelante, deseo honrarte y obedecerte en todo como verdadero esclavo tuyo.
¡Oh Corazón Inmaculado de María!, que yo viva plenamente esta consagración para prolongar en mí la amorosa obediencia de tu Hijo y dar respuesta a la misión trascendental que Dios te ha confiado en la historia de la salvación. ¡Madre de misericordia!, alcánzame la verdadera Sabiduría de Dios, y hazme plenamente disponible a tu acción maternal. Colocame así, entre los que tu amas, enseñas, guías, alimentas y proteges como hijos tuyos. ¡Oh Virgen fiel!, haz de mí un auténtico discípulo e imitador de tu Hijo, la Sabiduría Encarnada. Contigo, Madre y modelo de mi vida, llegaré a la perfecta madurez de Jesucristo en la tierra y a la gloria del cielo. Amén ¡Totus Tuus!
Fuente: Los Arcángeles Celestiales. Editorial San Pablo.
Catecismo de la Iglesia Católica.
Summa daemoniaca. P. Fortea.
www.corazones.org
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