lunes, 21 de enero de 2013

La lucha contra el demonio (II)


Los demonios


     Demonio: Nombre general de los espíritus malignos, ángeles caídos (expulsados del cielo). El jefe de estos ángeles rebeldes es Lucifer o Satanás (Mat 25). 


       Los demonios residen en el infierno y no gozan de los beneficios de la redención de Cristo. Los demonios, sin embargo, no perdieron su capacidad racional, sino que la utilizan para el mal. Dios les permite ejercitar influencia limitada en las criaturas y las cosas. 
 
        El demonio no es una fábula como algunos, para su desgracia, piensan. Su existencia real ha sido siempre enseñada por la Iglesia en su magisterio ordinario. Desmentir la existencia del demonio es negar la revelación divina que nos advierte sobre nuestro enemigo y sus tácticas.



   Un demonio es un ser espiritual de naturaleza angélica condenado eternamente. No tiene cuerpo, no existe en su ser ningún tipo de materia sutil, ni nada semejante a la materia. Sino que se trata de una existencia de carácter íntegramente espiritual. Espíritus en latín significa soplo, hálito. Dado que ni tienen cuerpo, los demonios no sienten la mas mínima inclinación a ningún pecado que se comenta con el cuerpo. Por tanto la gula o la lujuria son imposibles en ellos. Pueden tentar a los hombres a pecar en esas materias, pero solo comprende esos pecados de un modo meramente intelectual, pues no tienen sentidos corporales. Los pecados de los demonios, por tanto, son exclusivamente espirituales.

      Los demonios no fueron creados malos. A ellos al ser creados, se les ofreció una prueba, era la prueba previa antes de la visión de la esencia de la Divinidad. Antes de la prueba veían a Dios pero no veían su esencia. El mismo verbo ver es aproximativo, pues la visión de los Ángeles es una visión intelectual. Como a muchos les resultara muy difícil de entender cómo podían ver/conocer a Dios, pero no ver/conocer su esencia habría que proponer como comparación que seria como decir que ellos veían a Dios como una luz, que le oían como una voz majestuosa y santa, pero que su rostro seguía sin desvelarse. De todas maneras, aunque no penetraran su esencia, sabían que era su Creador, y que era santo, el Santo entre los Santos.

El catecismo de la Iglesia Católica sobre el demonio:

2850 La última petición a nuestro Padre está también contenida en la oración de Jesús: "No te pido que los retires del mundo, sino que los guardes del Maligno" (Jn 17, 15). Esta petición concierne a cada uno individualmente, pero siempre quien ora es el "nosotros", en comunión con toda la Iglesia y para la salvación de toda la familia humana. La Oración del  Señor no cesa de abrirnos a las dimensiones de la Economía de la salvación. Nuestra interdependencia en el drama del pecado y de la muerte se vuelve solidaridad en el Cuerpo de Cristo, en "comunión con los santos".

2851   En esta petición, el mal no es una abstracción, sino que designa una persona, Satanás, el Maligno, el ángel que se opone a Dios. El "diablo" ["dia-bolos"] es aquél que "se atraviesa" en el designio de Dios y su obra de salvación cumplida en Cristo.

2852 "Homicida desde el principio, mentiroso y padre de la mentira" (Jn 8, 44), "Satanás, el seductor del mundo entero" (Ap 12, 9), es aquél por medio del cual el pecado y la muerte entraron en el mundo y, por cuya definitiva derrota, toda la creación entera será "liberada del pecado y de la muerte".[136] "Sabemos que todo el que ha nacido de Dios no peca, sino que el Engendrado de Dios le guarda y el Maligno no llega a tocarle. Sabemos que somos de Dios y que el mundo entero yace en poder del Maligno" (1 Jn 5, 18-19):

El Señor que ha borrado vuestro pecado y perdonado vuestras faltas también os protege y os guarda contra las astucias del diablo que os combate para que el enemigo, que tiene la costumbre de engendrar la falta, no os sorprenda. Quien confía en Dios, no tema al demonio. "Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros?" (Rm 8, 31).

2853 La victoria sobre el "príncipe de este mundo" (Jn 14, 30) se adquirió de una vez por todas en la Hora en que Jesús se entregó libremente a la muerte para darnos su Vida. Es el juicio de este mundo, y el príncipe de este mundo ha sido "echado abajo" (Jn 12, 31).[138] "El se lanza en persecución de la Mujer", pero no consigue alcanzarla: la nueva Eva, "llena de gracia" del Espíritu Santo es librada del pecado y de la corrupción de la muerte (Concepción inmaculada y Asunción de la santísima Madre de Dios, María, siempre virgen). "Entonces despechado contra la Mujer, se fue a hacer la guerra al resto de sus hijos" (Ap 12, 17). Por eso, el Espíritu y la Iglesia oran: "Ven, Señor Jesús" (Ap 22, 17.20), ya que su Venida nos librará del Maligno.


2854 Al pedir ser liberados del Maligno, oramos igualmente para ser liberados de todos los males, presentes, pasados y futuros de los que él es autor o instigador. En esta última petición, la Iglesia presenta al Padre todas las desdichas del mundo. Con la liberación de todos los males que abruman a la humanidad, implora el don precioso de la paz y la gracia de la espera perseverante en el retorno de Cristo. Orando así, anticipa en la humildad de la fe la recapitulación de todos y de todo en Aquel que "tiene las llaves de la Muerte y del Hades" (Ap 1, 18), "el Dueño de todo, Aquel que es, que era y que ha de venir" (Ap 1, 8):  Líbranos de todos los males, Señor, y concédenos la paz en nuestros días, para que, ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres de pecado y protegidos de toda perturbación, mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo.

Características  de los demonios

       Los demonios son seres racionales, dotados de inteligencia, y su naturaleza principal es que son coléricos. No es posible encontrar en la tierra hombres más rencorosos que los demonios, o que puedan asumir a su vez toda su maldad.

    Los demonios tienen un olor fétido que sólo perciben aquellos que han recibido del Señor el don de percibirlo. Dicho olor tienen el poder de desatar las pasiones. Los demonios buscarán por todos los medios de hacer caer a los hombres para que su alma se pierda mediante la falta de caridad con los hermanos, o empañando la imagen de Dios en ellos; tratan de impedirles rezar sugiriéndoles pensamientos de blasfemia, de desconfianza en Dios, de lujuria o de cólera. 

     Los demonios sienten envidia en los hombres, principalmente de aquellos que oran. Por tal motivo les harán la guerra a los hombres para impedirles la oración espiritual, haciéndoles experimentar odio a la oración. Huyen los demonios desconcertados cuando se les descubre sus modos de actuar y sugestiones en los pensamientos.

   Los demonios tienen un modo de conocimiento muy imperfecto, nada comparable con el de Dios. No pueden penetrar en el pensamiento del hombre directamente. Para llegar a saber si les  tenemos en nuestros pensamientos y les alimentamos en nuestro seno, o bien, si les hemos rechazado, se valen de palabras y movimientos del cuerpo y a partir de lo externo deducen si el monje ha descuidado alguna virtud, o bien, si piensa orgullosamente que les ha vencido, cuando se retiran tácticamente.

   Hay demonios que se oponen a la práctica u oración y otros a la contemplación. Están acechando constantemente al hombre que ora y pueden valerse de quienes le rodean para hacerles la guerra. Las armas de los enemigos en este combate serán pues los pensamientos, por lo cual es una lucha espiritual que se lleva a cabo en el interior del hombre. En esta lucha el orante unas veces vence, otras veces son vencidos. Sin embargo se adquiere experiencia, a través de esta lucha constante verán la estrategia de los demonios y podrán evitar la caída atendiendo a los pensamientos, a los objetos de que se sirven, o la rapidez con que surgen.




  Medios para luchar contra los malos pensamientos

        Encontramos que pueden ser combatidos por diversos medios tales como la lectura espiritual, vigilia, oración, hambre, austeridad, soledad, salmodia, paciencia y misericordia. Esto es realmente muy importante ya que si no vigilamos sobre los malos pensamientos y las malas actitudes en nosotros, los demonios podrían permitirse toda clase de burlas a nuestra costa.

        Los tres medios más importantes para el principiante en la oración y para oponerse al demonio son la oración, la humildad y usar la táctica opuesta del demonio. En la oración se incluye la total entrega a Dios, pues la oración es el trato íntimo y frecuente con Dios, su único Señor. Para orar se necesita concentrarse en Aquel a quien se dirige el orante y recoger en él su pensamiento, es decir, en Dios. La oración es excelente para combatir al demonio y por medio de ella podemos discernir entre visiones y engaños del demonio y librarse del miedo que infunde para que no continuemos orando. Luego está la humildad, la cual es eficaz para desenmascarar al demonio y dejarlo inerme, esta humildad debe traducirse en la obediencia y sometimiento al padre espiritual. En tercer lugar usaremos la táctica opuesta usada por el demonio para combatirle usando pensamientos contrarios a los pensamientos que le están atacando. Es de suma importancia mantenerse bajo las normas de la Iglesia, y no salirnos de los dogmas de ella. Pues el enemigo buscará desviarnos hacia doctrinas contrarias a la fe, de manera que nos convirtamos en apostatas.

       Cuando la concupiscencia se inflama, la extinguen el hambre, la fatiga y la soledad. Cuando la parte irascible se altera, la calman la salmodia, la paciencia y la misericordia. Cuando somos atacados por la gula, la combatimos reduciendo con el ayuno a pan y agua, y a veces hasta reduciendo esta ración. Al amor excesivo a la riqueza, se le combate con la caridad. A la tristeza, se le ataca con la fortaleza y el desprendimiento de bienes terrenos. Si somos atacados por la cólera y el odio, lo combatimos con la misericordia (perdón y reconciliación) y la mansedumbre. Si somos atacados por la acedía (fastidio, aburrimiento, hastío, envidia) lo combatiremos con el don de lágrimas, sembremos en nosotros buenas esperanzas con la alabanza a Dios.

     Si somos atacados, nunca abandonemos la lucha, combatamos perseverando con la oración y la práctica de las virtudes hasta que se retiren. 



Oraciones


CONSAGRACIÓN DE SÍ MISMO A JESUCRISTO
POR MEDIO DE MARÍA
(San Luis María Grigñón de Montfort)

¡Oh Jesús, Sabiduría eterna y encarnada!, verdadero Dios y verdadero hombre, Hijo único del Padre Eterno y de María, siempre virgen! Te adoro en la gloria del Padre, durante la eternidad y en el seno virginal de María, tu Madre, en el tiempo de tu Encarnación.

Te doy gracias porque, anonadandote, haz venido al mundo –hombre entre los hombres y servidor del Padre– para librarme de la esclavitud del pecado.

Te alabo y glorifico Señor, porque has vivido en obediencia amorosa a María, para hacerme fiel discípulo suyo. Desgraciadamente, no he guardado los votos y promesas de mi bautismo y no soy digno de llamarme hijo de Dios. Por ello, acudo a la misericordiosa intercesión de tu Madre, esperando obtener por su ayuda el perdón de mis pecados y una continua comunión contigo, Oh Sabiduría Encarnada.

Te saludo, pues, oh María Inmaculada, templo viviente de Dios: en ti ha puesto su morada la Sabiduría Eterna para recibir la adoración de los ángeles y de los hombres. Te saludo, oh Reina del cielo y de la tierra: a ti están sometidas todas las criaturas. Te saludo, refugio seguro de los pecadores: todos experimentan tu gran misericordia. Acepta los anhelos que tengo de la Divina Sabiduría y mi consagración total.

Yo, N...., consciente de mi vocación cristiana, renuevo hoy en tus manos mis compromisos bautismales. Renuncio a Satanás, a sus seducciones, a sus pompas y a sus obras, y me consagro a Jesucristo para llevar mi cruz detrás de El, en la fidelidad de cada día a la voluntad del Padre. En presencia de toda la corte celestial, te elijo en este día por mi Madre y Maestra. Me entrego y consagro a ti, como tu esclavo, mi cuerpo y mi alma, mis posesiones tanto internas como externas, incluso el valor de todas mis buenas acciones, pasadas, presentes y futuras, dejando en ti, el entero y completo derecho de disponer de mi, y todo lo que me pertenece, sin excepción, de acuerdo a tu voluntad, para mayor gloria de Dios en el tiempo y en la eternidad.
Madre del Señor, acepta esta pequeña ofrenda de mi vida y preséntala a tu Hijo: si El me redimió con tu colaboración, debe también ahora recibir de tu mano, el don total de mí mismo. En adelante, deseo honrarte y obedecerte en todo como verdadero esclavo tuyo.

¡Oh Corazón Inmaculado de María!, que yo viva plenamente esta consagración para prolongar en mí la amorosa obediencia de tu Hijo y dar respuesta a la misión trascendental que Dios te ha confiado en la historia de la salvación. ¡Madre de misericordia!, alcánzame la verdadera Sabiduría de Dios, y hazme plenamente disponible a tu acción maternal. Colocame así, entre los que tu amas, enseñas, guías, alimentas y proteges como hijos tuyos. ¡Oh Virgen fiel!, haz de mí un auténtico discípulo e imitador de tu Hijo, la Sabiduría Encarnada. Contigo, Madre y modelo de mi vida, llegaré a la perfecta madurez de Jesucristo en la tierra y a la gloria del cielo. Amén ¡Totus Tuus! 


Fuente: Los Arcángeles Celestiales. Editorial San Pablo.
             Catecismo de la Iglesia Católica.
             Summa daemoniaca. P. Fortea. 
             www.corazones.org 

miércoles, 12 de diciembre de 2012

La lucha contra el demonio (I)


Cuidémonos de los malos pensamientos

       Evagrio Póntico (345-399), hablaba de ocho malos pensamientos que debe combatir el hombre y por medio de los cuales somos atacados por el demonio. Estos pensamientos son: gula, lujuria, avaricia, tristeza, cólera, acedia, vanagloria y orgullo.

Hay que tener ideas claras

Dice la psicología que las ideas llevan a los actos. De ahí que debemos estar luchando constantemente para rechazar los malos pensamientos. Por ello, la primera batalla que enfrentamos en nuestra guerra contra el pecado se libra en el terreno de la mente. Si no logramos vencer los malos pensamientos éstos toman la fuerza para transformarse en actos que encienden la pasión que ciega al alma hasta arrastrarla al pecado.

Es claro que para que haya pecado es necesario que haya una voluntad de pecar. Una cosa es tener tentaciones y otra caer en ellas. Así, por ejemplo, cuando yo supero un mal pensamiento que cruza por mi mente no he pecado, todo lo contrario, realicé una acción meritoria que fortalece mi voluntad. En cambio, cuando empiezo a consentir y recrearme con ese mal pensamiento, debilito mi voluntad, exponiéndome a caer en acciones graves.

Siendo así, el hombre no tiene otro camino que enfrentar durante toda la vida constantes y duras tentaciones. Jamás le debe pedir a Dios no tener tentaciones, pues el alma crece mucho en las pruebas, rechazarlas equivaldría a rechazar las oportunidades para crecer en las virtudes, en especial, la humildad y la paciencia.

“Luchar” es la palabra

Dios dotó al hombre de una gran capacidad para sentir y comunicar afectos e impulsos, por medio de los cuales se relaciona con los demás y enriquece su propia vida. Los sentimientos y pasiones debe considerarse siempre positivos como una riqueza personal. La misma atracción sexual, por poner el ejemplo, como impulso, en un primer instante es positiva, nos acerca a personas del sexo opuesto a las que vemos como un complemento.

Sin embargo, estos sentimientos y pasiones cuando no están gobernados por la inteligencia suelen llevar a las personas a la destrucción. Por ello, el hombre iluminado por la inteligencia debe hacer uso de su voluntad para hacerse dueño de su persona y no dejarse arrastrar por estas tendencias que, aunque sean gustosas y placenteras, nos apartan del camino de realización humana.

Podrá no gustarnos la palabra «mortificación» o quizás parecernos anticuada, pero lo que significa es cosa importante y siempre actual: «combatir y dar muerte» a los apetitos carnales. Esa es la verdadera rebeldía cristiana, aquella que se rebela a esos instintos que acosan a hombres y mujeres.

San Pablo en su Segunda Carta a Timoteo 1,7 nos dice: «Dios no nos dio un espíritu de cobardía, sino el de poder y amor y de dominio propio». Tan pronto como advertimos la cercanía de un peligro volvamos a Dios. Es el momento de lanzar una jaculatoria y de rezar fervorosamente para que Dios en su misericordia nos dé la fuerza y la gracia para poder triunfar. La oración es siempre la mejor arma.

Un monje de la antigüedad hace esta comparación: «Soy como un hombre sentado bajo un gran árbol y que ve venir contra él muchas fieras y serpientes y, como no se les puede resistir u oponer, sube al árbol y se salva. Del mismo modo, sentado en mi celda veo los fieros pensamientos que vienen contra mí y que no podré vencer, entonces trepo por el árbol de la oración donde está Dios y me libro de todos mis enemigos».

Es fundamental adquirir la costumbre de reaccionar rápido ante las tentaciones. Esto es posible cuando llevamos una intensa vida espiritual y nos mantenemos siempre en constante actividad. Las tentaciones pueden menos cuando la persona es activa y tiene la mente ocupada. «La mente distraída es el juguete del diablo».


Las trazas del enemigo

       Ten por cierto que el antiguo enemigo se empeña a todo trance en impedir tus buenos deseos de privarte de todo ejercicio de piedad, como la devoción a los santos, la fervorosa memoria de la pasión, el saludable recuerdo de los pecados, la guarda del corazón y el firme propósito de progresar en la virtud. 

     Te sugiere muchos malos pensamientos para infundirte el tedio y hacer mella en ti; y eso con el fin de apartarte de la oración y de la lectura espiritual.

      Le disgusta sobremanera la confesión humilde de los pecados y, si estuviera en su mano, te haría incluso dejar la comunión. No le creas ni le hagas caso, aunque muchos veces te tienda asechanzas para seducirte.

      Cuando te sugiera pensamientos malos e impuros, atribúyelos a él, y dile: “Aléjate, espíritu inmundo, sonrójate, miserable asqueroso debes ser cuando cosas tan repugnantes murmuras a mis oídos.
    Largo de aquí, pésimo seductor, no tendrás parte alguna en mí; porque Jesús estará conmigo cual fuerte guerrero, y tú quedarás confundido. Prefiero mil veces morir y sufrir suplicio que consentir en tu perversidad.
      Calla y enmudece, no te haré caso jamás, aunque me importunes una y otra vez con nuevas insinuaciones.
        El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? Aunque acampe contra mí un ejército, no temerá mi corazón. El Señor es mi ayuda y mi redentor”.

     Lucha a fuer de buen soldado. Y, si a veces por fragilidad sucumbes, procura levantarte y reunir mayores fuerzas que las primeras, confiando en que he de darte mayor gracia. Y entretanto guárdate mucho de orgullo y vana complacencia. 

       Cabalmente, debido a este escollo del orgullo, muchos se ven inducidos a error y son víctimas a veces de una ceguera que es casi irremediable.

      Que la ruina de estos orgullosos que presumen estúpidamente de sí mismos te sirva de cautela y te induzca a una indefectible humildad de corazón.



La clave del triunfo: la humildad y la santa paciencia

Un apotegma de los Santos Padres refiere:

«El monje Moisés hacía grandes penitencias para dominar los movimientos de lujuria y para eliminar las imaginaciones de la fantasía que entenebrecían el alma. Permaneció seis años en su celda pasando noches enteras de pie y rezando asiduamente. Sin embargo, no lograba aquietar sus concupiscencias y sus fantasías. El abad Isidoro le dijo que mitigara su ascesis y que Dios le había dejado sus malas pasiones para que no cayera en el orgullo de pensar que él por sus propias fuerzas había vencido el mal. Moisés obedeció y desde entonces cesaron sus malos pensamientos y llegó a ser ordenado sacerdote.»

Este ejemplo de la antigüedad nos revela que el premio del combate finalmente es la humildad y la santa paciencia, virtudes fundamentales para perseverar. Sin ellas, el cristiano se desanima y desespera pensando que la pureza y la castidad son ideales inalcanzables. El objetivo de la auténtica espiritualidad cristiana no es la ascética ni la mortificación sino ser agradables a Dios en la pobreza, experimentando su misericordia infinita.

Es un signo de madurez cristiana reconocer que la virtud que logramos, fruto de nuestro esfuerzo y sacrificio no siempre es lo que Dios quiere. La virtud es un camino que esconde muchas trampas; es común caer en el orgullo y amor propio al pensar que hemos vencido las tentaciones porque somos buenos; o quizás la presunción de pensar que nosotros somos mejores que otros. El astuto Demonio nos saldrá al paso para ponernos la vieja trampa que puso a nuestros primeros padres: «serán como dioses», y en la nube de ese sueño de santidad, nos preparará una dolorosa caída de la que nos costará levantarnos.

La humildad, la primera de las virtudes es el camino de la victoria. En las luchas encarnizadas «cuerpo a cuerpo» contra los malos pensamientos, reconoce siempre tu debilidad y limitación, ello te abrirá a la Gracia. No quieras ser un ángel impasible, ponte mejor el ideal del hombre luchador que tiene que enfrentarse a las fuerzas incendiarias del enemigo armado con la armadura de Dios (cf. Ef 6, 10-18)



Oraciones contra los malos pensamientos

Oración Beato Tomas de Kempis

       Señor y Dios mío, no te alejes de mí; Dios mío, mírame y socórreme. Porque se han levantado contra mí pensamientos vanos y grandes temores y llenan mi alma de aflicción. 

           ¿Cómo me abriré paso para salir ileso? O ¿cómo haré para aplastarlos? Y me dices: yo iré delante de ti y confundiré a los altivos de la tierra. Abriré las puertas de la cárcel y te revelaré los más ocultos secretos.

      Hazlo como dices, señor, y huyan de tu presencia todos los malos pensamientos que me hostigan. 

          Esta es mi esperanza y mi único consuelo, guarecerme y confiarme a ti en todas mis cuitas y tribulaciones; invocarte desde lo más íntimo de mi ser, y esperar con paciencia el bálsamo de tu consolación.

Oración para alejar los malos pensamientos

            Señor tu sabes todo de mí, sabes que te quiero ¿porqué estas luchas?, aplaca por tu virtud este ardor interior que siento. A ti recurro Virgen María tu que eres pura como agua de manantial, ayúdame a alejar de mí estos malos pensamientos, por tu virtud y tu amor, por tu corazón inmaculado. Cristo mi señor, por la pureza de tu madre limpia mi mente y aplaca mi espíritu. Amén.

Oración de Santa Brígida

           ¡Oh dulcísimo Jesús! Por el amor con el que conservaste puro y casto el corazón de tu apóstol Tadeo y le honraste con los dones apostólicos para hacerlo una digna morada de ti, libérame, por sus méritos y su intercesión de esta tentación. Amén.

Oración contra los malos pensamientos lujuriosos

          Señor mío Jesucristo tú que conoces el espíritu humano, humildemente te pedimos que elimines de nosotros o al menos nos ayudes a ir atenuando día a día los pensamientos desordenados y lujuriosos de nuestra mente, principal entrada del maligno para tentarnos. Por tanto abrigados de tu divino amor nos atrevemos a pedir la intercesión de tu madre, tal y como lo hizo en las bodas de Cana, y te dignes a escuchar nuestra petición. Amén.

Oraciones de limpieza mental con la sangre del cordero de Dios

Oración 1.

      Oh sangre del Cordero de Dios, aparta de mi mente todo mal pensamiento, purifica mis acciones y movimientos.
      Que tú sangre señor, limpie la oscuridad que hay en mi mente y me libere de toda mala acción y pensamiento. Amén.

Oración 2.

       Oh Sangre del Cordero de Dios derramada en la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo, fíltrate por mi mente y destruye todo mal pensamiento y toda falsa imaginación, que el enemigo de mi alma quiere ponerme para robarme la paz. Que el escudo de tu sangre redentora Señor Jesús, proteja mi mente y mis pensamientos de todo dardo incendiado del maligno. Te lo pido Sangre Divina, se mi amparo y protección en todos mis caminos. Amén.


Fuentes:

Los Arcángeles Celestiales. Editorial San Pablo.
Imitación de Cristo. Tomas de Kempis.   

miércoles, 5 de diciembre de 2012

La Nueva Era

Saludos hermanos en Cristo. Hoy quiero compartirles una predica acerca de la nueva era, dictada por el hermano Marino Restrepo. Es la mejor explicación que he escuchado sobre este tema. Espero les edifique.


   

Fuente: marinorestrepo.com

La templanza

Nada Con Exceso, Todo Con Medida 

En el día a día, nos enfrentamos a diferentes retos, a diversas circunstancias… ¿Y de qué manera tomamos esos retos y circunstancias? Depende de que tan desarrollados tengamos los hábitos buenos o virtudes.

Seguramente tu y tus hijos han tenido la ocasión de ver “Los Simpson”, una familia donde Homero (el papá) come donas sin medida, devora tarros de cerveza, vive con una pereza indescriptible frente a la televisión o durmiendo en su trabajo. Su hijo Bart sigue sus pasos, hace trampas y se burla de todos sus compañeros. Liza, la hermana vive frustrada pensando en la vergüenza de formar parte de esa familia, ella tiene la aspiración de ser diferente.

Todos tenemos potencialidades, todos podemos llegar a ser alguien grande, somos como semillas a las que hay que echarles agua, regarlas, cuidarlas para dar frutos, así son tus hijos, asi eres tu, asi somos todos y cada uno de los seres humanos.

En hechos concretos, en las pequeñas cosas de la vida nosotros vamos marcando nuestro propio camino. Liza no tiene que ser forzosamente como su familia, aun cuando ésta sea tan patética que pareciera que ella no puede seguir otro camino. Ella hará su camino al andar, con sus decisiones, con sus propias fuerzas, con metas claras y definidas… pero ¿Cómo poder lograrlo?

La templanza, es un hábito bueno, una virtud cardinal. Con todos los avances y comodidades a los que tenemos acceso en el mundo moderno, es constante nuestra necesidad de “medirnos”. Una sociedad del bienestar como la nuestra, requiere de especial énfasis en la templanza.

Los excesos sólo se dan en el hombre. Un animal una vez que satisface su necesidad está contento. El hombre sin embargo, puede sobrepasarse, y ser un Homero Simpson constante. Por eso es tan importante estar alertas.

La templanza se puede entender de dos maneras:

1. Se refiere a todas las virtudes, la templanza tiene que ver con la moderación.

Aristóteles decía que la virtud es el justo medio, es decir, entre dos extremos que son viciosos, se encuentra una virtud. Si una persona es “tan valiente, tan valiente” que corre riesgos innecesarios, en realidad es temeraria. Si es tan precavida tan precavida, que siempre encuentra motivos para no actuar, más bien es miedosa. El valiente es el que no se retrae por los peligros que se presentan cuando tiene que cumplir su deber, pero que no es tan “menso” como para andar “peligrando de a gratis”.

2. En sentido específico, la templanza se refiere al control de nuestros deseos.

Se refiere a todos en general pero las dos fuentes más grandes de placer sensible son:
·a. Comer y beber: Una de las inclinaciones más importantes de las personas es la conservación de la vida, por eso nos alimentamos y lo disfrutamos.
·b. Placer sexual: Una de las necesidades de la especie humana es su conservación, que siga habiendo hombres y mujeres sobre la tierra, por eso el acto sexual que conlleva la procreación es tan placentero.

El placer no es malo. Si alimentarnos y el sexo no dieran placer, seguramente moriríamos porque no dedicaríamos tiempo suficiente a esas actividades. Lo importante aquí es poner medida cuantitativa (de cantidad) y cualitativa (de calidad).

Hay quien trata de hacer creer que las pasiones son incontrolables por el hombre, que hay que hacer lo que tenemos ganas, que debemos satisfacer nuestros impulsos, también sexuales, y que de no hacerlo podemos enloquecer. Como dice Gandhi, esa es la manera de hacernos esclavos.

Hay una película de Steven Spielberg que gustó en su época muchísimo. Se trataba del pequeño extraterrestre E.T. que llega a la tierra y visita a una familia en donde hay una dulce y linda niñita de 7 años. La actriz que la representaba era Drew Barrimore. Esta niñita tan tierna creció, tuvo acceso a fiestas, bebida, comida, drogas, hombres… probó todo, hizo todo en exceso y tocó fondo. Enferma, adicta, sin ánimos, al borde de la muerte fue ayudada para salir de ese estado. Su recuperación fue muy difícil y después de muchos años pudo volver a actuar, pero pudo haber muerto por no ejercer la virtud de la templanza.

Decía Théophile Gautier, escritor del romanticismo francés, que de todas las ruinas del mundo, la ruina del hombre es sin duda alguna el más triste espectáculo. Y tiene razón y aún peor para los padres que pusieron sus esperanzas en sus hijos.


Virtudes asociadas a la templanza:

1. Pudor (cuidado de la intimidad).
2. Abstinencia (moderación en la comida).
3. Sobriedad (moderación en la bebida).
4. Castidad (moderación en el sexo).
5. Pureza (moderación en besos, abrazos y caricias).


Todas estas virtudes son complejas de entender, porque constituyen un entramado. Es como una tela con estampado, en la que es difícil determinar cuales hilos son de cada color poque todos están entrelazados. Para vivir la templanza hay que tratar de vivir la moderación: no dejarnos llevar por las marcas, no dejarnos llevar por el exceso, por los melindres, no perder el tiempo etc.

El psicoanalista Erich Fromm dice que vivimos en un mundo de placeres sin alegría ya que los placeres de la sociedad contemporánea producen distintos grados de excitación pero no de alegría. De hecho, la falta de gozo obliga a buscar placeres siempre nuevos, cada vez más excitantes.

Vivir la templanza significa:

· 1. Esforzarse diariamente por ser mejor.
· 2. No ceder ante los gustos, deseos o caprichos que pueden dañar mis convicciones o mi conciencia.
· 3. Estar alegre al saber que puedo dominarme y ser mejor.
· 4. Ser dueño de sí mismo, del propio actuar.
· 5. Congruente con lo que pienso, digo y hago.
· 6. No justificarse ni dar falsos pretextos.
· 7. Conocer las propias debilidades y evitar caer en circunstancias que pongan en peligro mi voluntad.
· 8. Es vencerse al deseo del placer y la comodidad por amor y con inteligencia.
· 9. La persona moderada orienta y ordena hacia el bien sus apetitos sensibles, no se deja arrastrar por sus pasiones

Tips para facilitar que vivamos la virtud de la templanza

· 1. La humildad que le ayuda a reconocer sus propias insuficiencias y cualidades, y aprovecharlas sin llamar la atención.
· 2. La sobriedad que le ayuda a distinguir entre lo que es razonable y lo que es inmoderado y le ayuda a utilizar adecuadamente sus sentidos, sus esfuerzos, su dinero, etc. de acuerdo a criterios rectos y verdaderos.
· 3. La castidad que le ayuda a reconocer el valor de su intimidad y a respetarse a sí mismo y a los demás.
· 4. La mansedumbre que le ayuda a vencer la ira y a soportar molestias con serenidad.
· 5. El conocimiento de las propias debilidades.
· 6. La formación de una conciencia recta y delicada.
· 7. El avance de la capacidad moral que ayuda a distinguir entre lo realmente necesario y los caprichos.
· 8. El diálogo en familia que le ayude a comprender mejor la forma en que se debe actuar ante las diferentes situaciones.
· 9. El conocimiento de los propios dones y capacidades.
· 10. Negarnos cosas lícitas para fortalecer la voluntad.
· 11. Carácter reflexivo que le invita a pensar antes de dejarse llevar pos sus emociones, deseos o pasiones.

¿Qué evita que vivamos la templanza?

· 1. La sociedad materialista y utilitaria que nos lleva a conseguir todo lo que deseamos.
· 2. El egoísmo.
· 3. El permisivismo que nos deja actuar pasando sobre los derechos de los demás.
· 4. El deseo de comodidad que nos lleva a buscar una vida fácil y sin compromiso.
· 5. Falta de conocimiento de las propias debilidades.
· 6. No encontrar a Dios como fin ultimo de nuestra vida.
· 7. No contar con la virtud de la fortaleza. Fuerza de voluntad.
· 8. Egoísmo que lleva a querer tener y hacer de todo, sin pensar que eso no es lo mejor para la propia naturaleza.
· 9. El desorden que me impide distinguir entre lo realmente necesario y lo superficial, y evita que ordenemos rectamente las pasiones a la voluntad.
· 10. Clima de nerviosismo que lleva a desahogar la tensión a través del exceso en ciertos aspectos.
· 11. Conciencia laxa, permisiva, o mal formada.

Fuente: http://es.catholic.net/educadorescatolicos/751/2408/articulo.php?id=29381